
Estados Unidos presiona por la salida de Díaz-Canel mientras redefine su estrategia hacia la isla
Detrás de las declaraciones incendiarias de Donald Trump:
“Creo que tendré el honor de tomar Cuba”… “Tomar Cuba. Es decir, si la libero, la tomo. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”.
Se estaría gestando una estrategia más profunda: la reconfiguración del poder político en Cuba como condición clave para avanzar en cualquier acuerdo bilateral.
Fuentes cercanas a las negociaciones revelan que Washington habría planteado la salida del presidente Miguel Díaz-Canel como un paso necesario para destrabar el diálogo. Aunque no se trataría de un ultimátum formal, el mensaje es claro: no habrá avances significativos mientras el actual mandatario permanezca en el poder.
Díaz-Canel, quien asumió la presidencia en 2018 tras décadas de dominio de la familia Castro, ha sido señalado por sectores estadounidenses como un obstáculo para implementar reformas económicas estructurales. Su gestión, marcada por protestas históricas en 2021 y una fuerte represión estatal, lo convierte en un blanco político estratégico.
Sin embargo, la propuesta estadounidense no apunta a un cambio total de régimen. De acuerdo con analistas, el objetivo sería una transición controlada que mantenga intacta la estructura del sistema, pero permita ajustes económicos favorables a la inversión extranjera y a los intereses de Washington.
Este enfoque recuerda precedentes recientes en la región, particularmente en Venezuela, donde Estados Unidos ha buscado influir en la estructura de poder sin necesariamente intervenir militarmente. En el caso cubano, la presión incluye medidas económicas como restricciones al suministro de petróleo, lo que ha profundizado la crisis energética de la isla.
Mientras tanto, figuras vinculadas al entorno histórico del poder, como Raúl Castro, continúan ejerciendo influencia tras bastidores, lo que complica cualquier intento de transformación política real.
En medio de este escenario, la posible apertura económica anunciada por Cuba podría convertirse en una moneda de negociación. Permitir la inversión de cubanos en el exterior y flexibilizar el sector privado no solo aliviaría la crisis interna, sino que también podría servir como puente para una nueva relación con Estados Unidos.
El futuro de la isla, sin embargo, sigue siendo incierto. Entre presiones externas, tensiones internas
