
La compañía estadounidense entrenó a sus humanoides F.02 para lanzarse de forma autónoma a un horno de fundición en Finlandia, después de que Arnold Schwarzenegger sugiriera destruirlos al estilo de Terminator 2.
Una de las escenas más recordadas de la ciencia ficción salió de la pantalla para convertirse en una inusual operación de ingeniería. Figure, empresa estadounidense especializada en robots humanoides con inteligencia artificial (IA), destruyó gran parte de su flota F.02 haciendo que las máquinas se lanzaran a una instalación de acero fundido.
La iniciativa tuvo como inesperado impulsor a Arnold Schwarzenegger, protagonista de Terminator 2: El juicio final. El actor sugirió fundir los robots cuando Brett Adcock, fundador y CEO de Figure, pidió públicamente ideas para retirar los equipos que la compañía ya no necesitaba.
La propuesta evocaba directamente el desenlace de la película de 1991, en el que el T-800 interpretado por Schwarzenegger termina dentro de una caldera para impedir que su tecnología pueda ser utilizada en el futuro.
Pero llevar la referencia cinematográfica al mundo real resultó mucho más complejo.
De la fábrica al horno
Los F.02 tuvieron un papel relevante en el desarrollo tecnológico de Figure. Esta generación participó en algunos de los primeros avances de la empresa, entre ellos pruebas de tareas domésticas, operaciones logísticas y el despliegue de humanoides en instalaciones de BMW.
Con el crecimiento de la nueva flota F.03 y los planes para continuar desarrollando futuras generaciones, mantener los antiguos equipos dejó de resultar conveniente.
Desmontarlos uno por uno tampoco era una alternativa sencilla. Los robots incorporaban actuadores personalizados, componentes propios y tecnología que la empresa buscaba proteger. El proceso requería además una cantidad considerable de trabajo especializado que, según Figure, podía distraer recursos destinados a sus nuevos proyectos.
La respuesta terminó siendo tan radical como cinematográfica: fundirlos.
Un desafío que llevó los robots hasta Finlandia
Convertir la idea en realidad presentó un nuevo obstáculo. Figure contactó con instalaciones siderúrgicas de Estados Unidos y México, pero la presencia de baterías de iones de litio en los humanoides generó preocupación por los riesgos que podían representar para los equipos industriales.
Finalmente, una fundición ubicada en Imatra, Finlandia, aceptó participar.
Antes de enviar los robots a Europa, los ingenieros tuvieron que enseñarles algo para lo que originalmente no habían sido diseñados: saltar con suficiente precisión hacia un objetivo.
En la sede de Figure en San José, California, fueron instaladas grandes superficies inflables para reproducir de manera segura la maniobra. Los movimientos de especialistas de cine sirvieron como referencia para desarrollar el comportamiento que posteriormente ejecutarían los humanoides.
La compañía creó un sistema que permitió a los F.02 realizar los saltos de manera autónoma y controlar su trayectoria antes de enfrentar las condiciones reales de la fundición.
Calor extremo, acero y robots autónomos
El escenario definitivo fue un horno de arco eléctrico con capacidad de 75 toneladas, alimentado por enormes electrodos de grafito.
Las condiciones suponían una prueba adicional. El intenso calor y los campos electromagnéticos afectaron algunos equipos electrónicos utilizados durante la grabación, pero Figure aseguró que los robots consiguieron ejecutar sus instrucciones sin inconvenientes.
El resultado quedó registrado en una producción protagonizada también por Schwarzenegger. En una de las secuencias, un humanoide desciende sujetándose de una cadena, en una referencia directa al sacrificio del T-800. Otros F.02 realizan saltos antes de terminar dentro del acero fundido.
La compañía afirma que la mayor parte de esta generación fue destruida y que únicamente conservará algunos ejemplares.
El metal recuperado tendrá, además, una segunda vida. Figure anunció que pretende fabricar objetos conmemorativos utilizando material procedente de los robots fundidos y posteriormente ponerlos a la venta.
Una escena real en tiempos de imágenes artificiales
La espectacularidad de la producción llevó a una pregunta inevitable: ¿los robots realmente terminaron dentro del horno o las imágenes fueron creadas mediante inteligencia artificial?
Figure asegura que la secuencia fue real.
La empresa enfatizó que, pese a dedicarse precisamente al desarrollo de sistemas de IA, no utilizó inteligencia artificial generativa para fabricar visualmente la escena. Los robots fueron entrenados para ejecutar las maniobras, transportados hasta Finlandia y posteriormente destruidos en la fundición.
La historia cierra así una curiosa paradoja tecnológica: una compañía dedicada a construir humanoides cada vez más avanzados recurrió a una de las imágenes más emblemáticas del cine sobre los peligros de las máquinas para despedir a una generación que ya había cumplido su ciclo.
Esta vez, sin embargo, el final de Terminator no necesitó efectos especiales.
