
Kindness Mob transforma una de las dinámicas más conocidas del acoso digital: moviliza a miles de usuarios para inundar de apoyo las cuentas de personas que reciben ataques o pasan inadvertidas. La iniciativa demuestra cómo la conducta positiva también puede propagarse en las redes sociales.
Las redes sociales pueden convertir un comentario hiriente en una avalancha de ataques. Pero ¿qué ocurre cuando esa misma lógica se utiliza para provocar el efecto contrario?
Eso es precisamente lo que intenta Kindness Mob, una comunidad de TikTok que moviliza a miles de usuarios para llenar de mensajes positivos los perfiles de personas que enfrentan acoso, burlas o simplemente permanecen ignoradas dentro de la plataforma.
El proyecto fue creado en 2023 por Tyler Brickley, especialista en marketing digital de Kansas City, Estados Unidos. Su propuesta consiste en aprovechar algunos de los mecanismos que impulsan las campañas de hostigamiento en internet —la coordinación masiva y la participación de desconocidos— y utilizarlos para promover empatía.
El resultado ha superado ampliamente las expectativas iniciales. Lo que comenzó como la idea de reunir a diez personas se convirtió en una comunidad que supera el medio millón de seguidores y que, según Brickley, ha protagonizado cientos de intervenciones.
De los insultos a miles de mensajes de apoyo
Una de las beneficiarias fue Laura Tigeleiro, residente de Staten Island, Nueva York, quien comenzó a publicar en TikTok con la intención de compartir recetas saludables y relacionarse con otras personas.
Tigeleiro tiene esclerosis múltiple, una enfermedad que ha afectado uno de sus ojos. Esa característica física terminó convirtiéndose en el blanco de comentarios ofensivos.
“Todos se burlaban de mi ojo”, recordó al describir el hostigamiento que recibía constantemente.
La situación cambió en marzo. Uno de sus videos comenzó repentinamente a acumular mensajes positivos hasta superar los 15.000 comentarios de apoyo. Detrás de aquella movilización estaba Kindness Mob.
La repercusión no terminó en los mensajes. Tigeleiro ganó nuevos seguidores, comenzó a recibir ingresos de TikTok y asegura que los recursos obtenidos le permitieron comprar un vehículo que su familia necesitaba.
Para Brickley, sin embargo, la finalidad no es convertir a su comunidad en protagonista, sino desplazar el odio para que el contenido de cada creador tenga la oportunidad de ser valorado por sí mismo.
Una estrategia que utiliza la lógica del ‘troleo’ al revés
Cada día, los seguidores de Kindness Mob proponen perfiles que podrían recibir una intervención. Brickley selecciona uno y convoca a su comunidad para que visite la cuenta elegida y publique comentarios positivos.
La estrategia reproduce deliberadamente algunas características de una acción coordinada en internet, pero cambia por completo su finalidad.
Desde su creación, Brickley calcula que se han organizado alrededor de 350 campañas, con un promedio cercano a los 1.000 comentarios en cada publicación seleccionada. Las intervenciones con mayor alcance pueden generar decenas de miles de respuestas y millones de visualizaciones.
Incluso figuras conocidas se han sumado a determinadas acciones. En una de las campañas participó Paris Hilton, amplificando el alcance de la iniciativa.
Los efectos también pueden extenderse más allá de una publicación. Algunos participantes descubren nuevos creadores durante estas movilizaciones, comienzan a seguirlos y terminan formando comunidades permanentes alrededor de ellos.
Cuando la amabilidad también se vuelve contagiosa
La experiencia de Kindness Mob ha despertado interés por su relación con un fenómeno estudiado en las ciencias sociales: el contagio social.
El concepto plantea que determinadas conductas pueden transmitirse entre individuos y extenderse progresivamente dentro de una comunidad. Ese proceso no se limita a comportamientos negativos; acciones relacionadas con cooperación, generosidad y amabilidad también pueden reproducirse.
Nicholas Christakis, profesor de ciencias sociales y naturales de la Universidad de Yale, ha estudiado experimentalmente cómo los comportamientos prosociales pueden generar cadenas que alcanzan incluso a personas que nunca tuvieron contacto con quien inició la acción.
En términos sencillos, una persona que recibe un gesto positivo puede aumentar su disposición a comportarse de la misma manera con alguien más, generando una sucesión de interacciones.
La dinámica adquiere especial relevancia en redes sociales, donde el comportamiento colectivo puede amplificarse rápidamente.
Para Christakis, internet no necesariamente constituye un reflejo inevitable de la crueldad humana. Las personas también poseen capacidades sociales vinculadas con la cooperación, la amistad y la solidaridad. El problema, sostiene, es que determinadas características de las plataformas pueden favorecer el conflicto y amplificar las interacciones negativas.
Kindness Mob intenta intervenir precisamente en esa dinámica: en lugar de responder directamente a quienes publican insultos, concentra la atención en fortalecer a la persona que los recibe.
Historias que cambiaron después de una movilización
Tigeleiro no es el único caso. Renee Penick, una mujer de Ohio, recibió la intervención de la comunidad mientras acompañaba a su esposo durante una hospitalización. Según relató, los mensajes se convirtieron en una fuente de apoyo durante un momento especialmente difícil.
Otra beneficiaria, una música conocida como Nocturne, experimentó un incremento significativo de seguidores después de recibir la atención de la comunidad, algo que contribuyó a ampliar la audiencia de su trabajo.
Estas experiencias muestran una consecuencia adicional: las movilizaciones no solo pueden contrarrestar temporalmente los insultos, sino también modificar la visibilidad de los usuarios dentro de la plataforma.
En algunos casos, además, el volumen de comentarios negativos disminuye después de que los mensajes positivos pasan a dominar la conversación.
El costo emocional de organizar la bondad
El crecimiento del proyecto también ha presentado dificultades. En septiembre de 2025, la cuenta de Brickley pasó rápidamente de unos 30.000 seguidores a aproximadamente 200.000. Actualmente supera el medio millón.
Pero con la popularidad también aumentaron las solicitudes.
Cada día, entre 20 y 100 personas son propuestas para recibir una intervención, mientras Kindness Mob suele seleccionar solo una. Para Brickley, conocer diariamente decenas de historias de hostigamiento y tener que decidir cuál atender terminó convirtiéndose en una fuerte carga emocional.
El agotamiento lo llevó a alejarse temporalmente del proyecto y posteriormente a reorganizar su funcionamiento con la participación de voluntarios.
El desafío no es menor. Alice Marwick, directora de investigación del instituto Data & Society, advierte que muchas iniciativas comunitarias en internet dependen excesivamente de sus fundadores y pueden desaparecer cuando quienes las administran llegan al agotamiento.
Para Marwick, las plataformas tienen responsabilidad sobre los entornos que generan, pero modificar los algoritmos no sería suficiente. También se necesita un cambio más amplio en las normas sociales que determinan cómo las personas se relacionan en internet.
Cuando el creador recibió su propia dosis de bondad
Brickley terminó experimentando personalmente aquello que durante años había organizado para otros.
Después de someterse a una cirugía de espalda, su esposa convocó en secreto a la comunidad. Al despertar y revisar su teléfono, encontró alrededor de un millar de mensajes dirigidos hacia él.
El creador relató que no pudo contener el llanto mientras leía los comentarios.
La experiencia reforzó su convicción sobre el impacto que puede producir una comunidad digital cuando utiliza su capacidad de movilización para acompañar en lugar de atacar.
Kindness Mob no elimina por sí solo el problema del acoso en internet ni resuelve los desafíos estructurales asociados con la moderación de contenidos y los algoritmos. Sin embargo, su crecimiento plantea una posibilidad distinta frente a una dinámica habitual de las redes: si el comportamiento hostil puede propagarse entre miles de personas, la solidaridad también puede hacerlo
