
El Comité Nacional ERFEN confirmó que el fenómeno de El Niño continúa en fase de observación tras evidenciar el fortalecimiento sostenido de las condiciones oceánicas y atmosféricas en el Pacífico ecuatorial. Aunque los efectos todavía no se manifiestan de forma generalizada en todo el país, los organismos técnicos mantienen un monitoreo permanente ante el riesgo de que el evento evolucione durante el segundo semestre del año.
Las señales del océano comienzan a confirmar un escenario que los científicos seguían de cerca desde hace varios meses. Ecuador mantiene bajo estricta vigilancia la evolución del fenómeno de El Niño luego de que el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN) verificara que las condiciones características del evento continúan fortaleciéndose en el océano Pacífico ecuatorial.
La evaluación fue realizada durante una reunión técnica celebrada el pasado 8 de julio en las instalaciones del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), donde especialistas analizaron el comportamiento oceánico y atmosférico registrado durante junio, así como las proyecciones climáticas para las próximas semanas en el territorio nacional.
El Niño entra en una fase inicial de desarrollo
El informe técnico señala que las condiciones oceánicas y atmosféricas muestran que El Niño se encuentra en su fase inicial de desarrollo, caracterizada por el establecimiento gradual de anomalías cálidas tanto en la superficie del mar como en la atmósfera.
El Índice Ecuatoriano del Fenómeno El Niño (IEFEN) confirma que este proceso continúa fortaleciéndose de manera sostenida, situación que mantiene la atención de los organismos científicos debido a que este fenómeno suele modificar el régimen de lluvias y temperaturas en distintas regiones del país.
Frente a la costa continental ecuatoriana, las temperaturas superficiales del mar oscilaron entre 25 y 27 grados centígrados, valores superiores a los normales para esta época del año y consistentes con el desarrollo progresivo del fenómeno.
Las lluvias disminuyeron, pero la Amazonía mantiene alta actividad
Durante junio, el comportamiento de las precipitaciones presentó diferencias importantes entre regiones.
Mientras el Litoral y gran parte de la Sierra registraron una reducción de lluvias respecto de mayo, la región Amazónica y las zonas cercanas a la estribación oriental de la cordillera continuaron experimentando precipitaciones frecuentes de intensidad variable, propias de la temporada.
Los especialistas explican que estos episodios estuvieron asociados principalmente al desplazamiento de ondas tropicales, desprendimientos de la Zona de Convergencia Intertropical y la intensa actividad convectiva desarrollada sobre la cuenca amazónica.
Más de 147.000 personas afectadas por las lluvias en lo que va del año
Aunque el fenómeno aún permanece en observación, Ecuador ya enfrenta importantes consecuencias derivadas de la temporada lluviosa.
Desde el 1 de enero hasta el 9 de julio de 2026 se contabilizan 2.655 eventos adversos relacionados con precipitaciones en zonas ubicadas hasta los 1.500 metros sobre el nivel del mar.
Estos eventos han afectado a 147.832 personas en todo el país.
Marzo fue el mes de mayor incidencia, concentrando el 38 % de los eventos registrados y cerca del 59 % de la población afectada durante el año.
Las provincias que reportan el mayor impacto son:
- Guayas
- Los Ríos
- Esmeraldas
- El Oro
- Loja
- Manabí
- Santa Elena
Solo durante junio se registraron 121 eventos adversos, que afectaron a 2.341 personas. La provincia de El Oro fue la más golpeada, con 21 emergencias y 1.767 ciudadanos afectados, consolidándose como el territorio con mayor recurrencia de incidentes durante ese periodo.
¿Qué se espera para las próximas semanas?
Los modelos meteorológicos indican que durante la primera parte de julio continuarán predominando las condiciones propias de la estación seca sobre el Litoral y gran parte de la Sierra occidental y central.
Sin embargo, hacia la segunda quincena del mes existe probabilidad de lluvias ocasionales en sectores del norte del Litoral, la Sierra norte y la Amazonía debido al paso de ondas tropicales y la influencia de la Oscilación Madden-Julian, uno de los principales sistemas que modulan la actividad convectiva en los trópicos.
Los técnicos insisten en que estas precipitaciones no representan todavía un cambio definitivo del patrón climático asociado a El Niño, aunque constituyen variables que seguirán siendo evaluadas.
El Niño aún no se consolida, pero las señales son cada vez más evidentes
El Comité Nacional ERFEN aclaró que mantener el fenómeno en estado de observación significa que las condiciones favorables para su desarrollo continúan fortaleciéndose, pero que ello no implica automáticamente que sus impactos se manifiesten de manera inmediata o uniforme en todo el Ecuador.
La intensidad del evento dependerá de la interacción entre múltiples procesos océano-atmosféricos y, especialmente, de la persistencia de las anomalías cálidas durante las próximas semanas.
Por ello, los organismos técnicos mantendrán un monitoreo permanente y actualizarán periódicamente el estado del fenómeno conforme evolucionen las condiciones del Pacífico.
Una nueva evaluación oficial está prevista para el 14 de julio, cuando el Comité Nacional ERFEN volverá a reunirse para revisar los indicadores más recientes.
Un fenómeno que Ecuador conoce bien y que exige preparación
La experiencia demuestra que el fenómeno de El Niño puede convertirse en uno de los mayores desafíos climáticos para el país. Sus efectos han provocado históricamente inundaciones, deslizamientos de tierra, pérdidas agrícolas, daños en infraestructura vial y afectaciones a miles de familias, especialmente en las provincias de la Costa.
Por esa razón, los expertos subrayan que el fortalecimiento progresivo observado en el océano no debe interpretarse como una alarma inmediata, pero sí como una señal que exige vigilancia constante y planificación preventiva.
La diferencia entre un evento moderado y uno de gran intensidad dependerá de la evolución de las condiciones oceánicas durante las próximas semanas. Mientras tanto, Ecuador permanece bajo observación científica, con la expectativa de anticipar cualquier cambio que permita reducir riesgos y preparar oportunamente a las instituciones y a la población ante un fenómeno natural que, cuando alcanza su máxima intensidad, tiene la capacidad de transformar por completo el comportamiento climático del país.
