Una llamada con la voz de un familiar, un video aparentemente auténtico o un mensaje perfectamente redactado ya no son garantía de que exista una persona real detrás. La inteligencia artificial está aumentando la capacidad de los ciberdelincuentes para crear engaños más convincentes y difíciles de detectar.

La inteligencia artificial avanza rápidamente como herramienta para transformar el trabajo, automatizar procesos y facilitar numerosas actividades cotidianas. Pero las mismas capacidades que impulsan su expansión también están siendo aprovechadas para desarrollar nuevas modalidades de fraude digital.

Correos electrónicos personalizados, mensajes que imitan la forma de escribir de una persona, clonación de voces y videos manipulados forman parte de un escenario en el que comprobar quién está realmente detrás de una comunicación se vuelve cada vez más importante.

El Global Cybersecurity Outlook 2026, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, advierte que la inteligencia artificial está transformando simultáneamente la defensa y los ataques informáticos.

El 94 % de los participantes consultados para el informe considera que la IA será el principal factor de cambio de la ciberseguridad durante 2026. Además, el 87 % identificó las vulnerabilidades relacionadas con esta tecnología como el riesgo cibernético de mayor crecimiento durante 2025.

El fraude digital escala con ayuda de la IA

Uno de los principales cambios está ocurriendo en la ingeniería social, una modalidad que busca manipular a las personas para conseguir información, dinero, credenciales o acceso a sistemas.

La IA generativa permite automatizar parte de ese proceso y producir mensajes con mejor redacción, adaptados al idioma, contexto e incluso estilo de comunicación de la potencial víctima.

La información que una persona publica en internet y redes sociales puede convertirse, además, en materia prima para elaborar engaños personalizados.

Un supuesto mensaje de un familiar, una comunicación aparentemente enviada por una empresa o una solicitud urgente atribuida a un compañero de trabajo pueden incorporar datos reales para aumentar su credibilidad.

El Foro Económico Mundial advierte que la IA generativa está reduciendo las barreras para ejecutar campañas de phishing y, al mismo tiempo, aumentando su sofisticación. Los delincuentes pueden utilizarla para escalar campañas de ingeniería social y generar correos, audios y videos falsificados capaces de dificultar tanto la detección tecnológica como la identificación humana del engaño.

Una voz conocida ya no basta para confiar

El riesgo adquiere una dimensión adicional con los denominados deepfakes.

Estas tecnologías permiten generar o manipular imágenes, audios y videos mediante inteligencia artificial. Con suficientes referencias, es posible producir contenidos que imitan características de una persona real.

En el caso del vishing —fraude realizado mediante llamadas o mensajes de voz—, la clonación de voz puede utilizarse para simular que un familiar, conocido o representante de una institución solicita dinero o información de manera urgente.

El resultado modifica una regla tradicional de confianza: escuchar una voz conocida o ver el rostro de una persona en un video ya no constituye por sí solo una prueba suficiente de identidad.

La recomendación ante solicitudes inusuales es verificar la identidad mediante otro canal conocido antes de realizar transferencias, revelar claves o entregar información personal.

Los ataques con IA crecieron 89 %

La evolución también aparece reflejada en los datos de la industria de ciberseguridad.

El Global Threat Report 2026 de CrowdStrike reportó un incremento del 89 % en ataques realizados por adversarios habilitados por inteligencia artificial durante 2025.

Otro dato muestra cómo están cambiando las tácticas: el 82 % de las detecciones registradas durante 2025 no involucraron malware. En lugar de depender exclusivamente de programas maliciosos tradicionales, los atacantes utilizan cada vez más credenciales legítimas, herramientas existentes e ingeniería social para intentar pasar inadvertidos.

La inteligencia artificial funciona en este contexto como un multiplicador: permite automatizar tareas, ampliar operaciones y producir contenidos fraudulentos a una escala que anteriormente exigía más tiempo y recursos.

El phishing sigue siendo una de las principales puertas de entrada

Pese al avance tecnológico, muchas estafas continúan explotando un elemento que no depende de una vulnerabilidad informática: la confianza humana.

El Foro Económico Mundial encontró que el 77 % de los encuestados observó un incremento general del fraude cibernético y el phishing. Además, el 73 % aseguró que él mismo o alguna persona de su entorno había sido afectada por fraude digital durante 2025.

Entre las modalidades más frecuentes aparecen el phishing —incluidas sus variantes mediante llamadas y mensajes de texto—, el fraude en pagos y el robo de identidad.

El problema, por tanto, dejó de limitarse a grandes corporaciones o instituciones públicas. Una cuenta personal, una aplicación bancaria, un correo electrónico o un perfil de redes sociales pueden convertirse en objetivos.

Cómo reducir el riesgo

La sofisticación de las estafas obliga a reforzar hábitos básicos de seguridad digital. Entre las principales medidas están activar la autenticación de dos factores, utilizar contraseñas diferentes y robustas para cada servicio, mantener actualizados los dispositivos y desconfiar de cualquier solicitud inesperada que exija actuar con urgencia.

También es recomendable verificar mediante un segundo canal cuando alguien solicita una transferencia o información sensible. Si una supuesta llamada de un familiar genera dudas, por ejemplo, lo aconsejable es finalizar la comunicación y contactar directamente a esa persona utilizando un número previamente conocido.

Los usuarios también deben evitar introducir contraseñas, datos bancarios, documentos confidenciales u otra información sensible en herramientas públicas de inteligencia artificial cuando no exista certeza sobre cómo serán tratados esos datos.

Antes de abrir un enlace recibido por correo, SMS o mensajería instantánea conviene comprobar el remitente y acceder directamente a la aplicación o página oficial cuando se trate de servicios financieros o cuentas importantes.

El desafío ya no es detectar solamente errores

Durante años, faltas ortográficas, mensajes genéricos o diseños deficientes servían como señales relativamente claras para reconocer determinados intentos de fraude.

La inteligencia artificial está debilitando esas pistas.

Un mensaje fraudulento puede ahora estar correctamente escrito, utilizar información real, adoptar un tono convincente e incluso acompañarse de una voz o imagen sintética.

El reto de la ciberseguridad entra así en una nueva etapa: no confiar únicamente en lo que parece auténtico, sino verificar antes de actuar.

A medida que la inteligencia artificial mejora su capacidad para producir contenidos realistas, la educación digital se convierte en una barrera de protección tan importante como las herramientas tecnológicas.

La IA seguirá ofreciendo oportunidades para empresas y usuarios, pero su expansión también obliga a cambiar los hábitos de seguridad. En el nuevo escenario digital, una voz familiar, un rostro conocido o un mensaje impecablemente escrito pueden ser convincentes sin necesariamente ser reales.