
El sistema eléctrico ecuatoriano atraviesa un periodo de alta sensibilidad debido a la disminución de lluvias en la vertiente oriental, fenómeno que ha impactado directamente en la generación hidroeléctrica y mantiene bajo observación la capacidad de abastecimiento, especialmente en horas de mayor demanda.
A este contexto se suma la falta de acuerdos energéticos con Colombia, lo que limita una de las fuentes externas de apoyo que históricamente ha contribuido a estabilizar el sistema en momentos de menor generación interna.
Descenso en los niveles del embalse Mazar
El embalse Mazar registró este 6 de abril una cota de 2.137,05 metros sobre el nivel del mar, ubicándose más de 15 metros por debajo de su nivel máximo.
Este reservorio es fundamental para el Complejo Hidroeléctrico Paute, que incluye las centrales Mazar, Paute y Sopladora, y que en conjunto puede aportar hasta el 30 % de la demanda nacional.
El caudal de ingreso también ha disminuido de manera considerable, situándose en 56,99 metros cúbicos por segundo, por debajo de los niveles registrados en el mismo periodo del año anterior. Esta situación responde principalmente a la prolongación del estiaje en la región amazónica.
Reducción en la generación de Coca Codo Sinclair
La central Coca Codo Sinclair, la más grande del país, también refleja los efectos de la menor disponibilidad de agua. Su operación se ha ubicado entre el 40 % y poco más del 50 % de su capacidad instalada de 1.500 megavatios.
Esta reducción incide directamente en la oferta energética nacional, en especial durante los horarios de mayor consumo.
Demanda energética y capacidad de respuesta
La demanda promedio en Ecuador se mantiene entre 4.200 y 4.400 megavatios, con picos que pueden alcanzar los 5.200 MW, principalmente en horas nocturnas.
Actualmente, la generación disponible —que incluye fuentes hidroeléctricas, termoeléctricas y energías no convencionales— bordea los 4.630 MW. Esta capacidad permite cubrir la demanda media, aunque se mantiene una estrecha vigilancia en los momentos de mayor exigencia del sistema.
En este escenario, el Cenace ha coordinado acciones preventivas con el sector productivo, como el uso de autogeneración en determinados horarios, con el objetivo de optimizar la gestión del suministro.
Contexto regional y cooperación energética
La situación actual también está influenciada por la dinámica regional. La ausencia de acuerdos recientes con Colombia ha limitado la importación de energía, una alternativa que en otros momentos ha contribuido a equilibrar el sistema.
No obstante, se mantiene la expectativa de que los canales de diálogo permitan avanzar hacia entendimientos que fortalezcan la cooperación energética entre ambos países.
Medidas en marcha y perspectivas
El Gobierno de Daniel Noboa ha señalado que no existe una crisis energética y ha descartado la implementación de apagones programados, al tiempo que se han anunciado acciones para fortalecer el sistema.
Entre ellas, destaca la incorporación progresiva de 687 megavatios provenientes de centrales hidroeléctricas y termoeléctricas que se encontraban en mantenimiento, lo que permitirá ampliar la capacidad operativa en los próximos meses.
Un sistema en monitoreo constante
El comportamiento del sistema eléctrico dependerá en gran medida de la evolución de las condiciones climáticas y del nivel de los caudales en las principales cuencas hidrográficas.
Mientras tanto, las autoridades y operadores mantienen un monitoreo permanente para garantizar la continuidad del servicio y responder de manera oportuna ante eventuales variaciones en la oferta y la demanda.
El país atraviesa así una etapa de gestión técnica y preventiva, en la que la planificación, la coordinación institucional y la evolución de las lluvias serán determinantes para asegurar la estabilidad del suministro eléctrico a nivel nacional.
