
Durante siglos hemos aprendido geografía observando mapamundis que inevitablemente deforman el planeta. La decisión de la ONU de impulsar una representación que refleje mejor el tamaño real de África vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fascinante: ¿existe realmente un mapa capaz de mostrarnos el mundo tal como es?
El mapa que conocemos desde la escuela no es exactamente el mundo.
Groenlandia parece gigantesca, Europa adquiere una presencia considerable y África puede lucir mucho más pequeña de lo que realmente es. No se trata de que los continentes hayan sido dibujados al azar: detrás de esa imagen existe un problema matemático que los cartógrafos llevan siglos intentando resolver.
La Tierra es aproximadamente esférica y un mapamundi es plano. Pasar toda la superficie del planeta a un rectángulo —o incluso a un círculo— sin deformarla es imposible.
Por eso, todo mapa termina tomando una decisión: conservar mejor las áreas, las formas, las direcciones o determinadas distancias. Cuando mejora una de ellas, inevitablemente sacrifica otra.
El debate ha cobrado nueva fuerza después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas respaldara la iniciativa “Correct The Map” (“Corrijan el mapa”), que busca sustituir progresivamente el predominio de la tradicional proyección de Mercator por representaciones que reflejen con mayor fidelidad las dimensiones de los continentes, especialmente África.
Entre las alternativas promovidas está Equal Earth, una proyección desarrollada en 2018 y que ya había recibido el respaldo de la Unión Africana.
Pero hay un detalle fundamental: ni siquiera este nuevo mapa puede representar perfectamente al planeta.
Mercator: extraordinario para navegar, problemático para comparar tamaños
Para comprender la controversia hay que regresar a 1569. Ese año, el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator desarrolló una proyección destinada principalmente a resolver las necesidades de navegación de los marineros europeos.
Su gran ventaja era práctica: permitía que determinados rumbos constantes de navegación pudieran representarse mediante líneas rectas.
Para conseguirlo, sin embargo, la cuadrícula debía expandirse progresivamente conforme se aproximaba a los polos.
Y allí aparece el problema.
Los territorios alejados del ecuador quedan visualmente sobredimensionados, mientras que aquellos situados en regiones ecuatoriales parecen comparativamente menores.
El ejemplo más conocido enfrenta a Groenlandia y África.
En muchos mapas de Mercator pueden parecer de dimensiones relativamente similares. En la realidad, África es aproximadamente 14 veces más grande que Groenlandia.
La diferencia es enorme.
Pese a ello, durante más de cuatro siglos Mercator ha ejercido una influencia extraordinaria sobre nuestra representación mental del planeta. Su proyección continúa apareciendo en materiales educativos y entornos digitales y constituye la base de mapas utilizados en diferentes aplicaciones.
El debate actual va más allá de una cuestión matemática.
Quienes cuestionan el predominio histórico de esta proyección sostienen que el tamaño visual también puede influir en la percepción de importancia.
El geógrafo keniano Kioko Muendo ha señalado que los mapas no son únicamente herramientas para encontrar lugares, sino instrumentos capaces de influir en la manera en que las regiones son percibidas política y económicamente.
Desde esta perspectiva, mostrar durante generaciones a África por debajo de sus verdaderas dimensiones habría contribuido a una percepción distorsionada de su peso territorial, demográfico, económico y geopolítico.
Equal Earth: África recupera sus verdaderas proporciones
La alternativa que ha ganado protagonismo se llama Equal Earth, o “Tierra Equitativa”.
Desarrollada en 2018 por un equipo de cartógrafos e inspirada en la proyección Robinson de 1963, pertenece a las llamadas proyecciones de igual área.
¿Su principal diferencia? Busca que las superficies relativas de los territorios sean correctas.
África vuelve así a mostrar visualmente la enorme extensión que posee en el planeta, mientras Groenlandia deja de aparecer con las proporciones gigantescas que adquiere en Mercator.
Esta característica explica por qué la propuesta ha recibido un fuerte respaldo africano.
La Unión Africana apoyó la campaña Correct The Map, que plantea extender este tipo de representación a gobiernos, instituciones internacionales, empresas y centros educativos.
“Podría parecer que es solo un mapa, pero realmente no lo es”, expresó la vicepresidenta de la Comisión de la Unión Africana, Selma Malika Haddadi, al referirse a la iniciativa.
Para los impulsores de la campaña, el debate también involucra poder y percepción: la manera en que dibujamos el planeta puede influir en cómo entendemos la importancia relativa de sus regiones.
Pero Equal Earth tampoco consigue lo imposible. Al preservar correctamente las áreas, debe aceptar deformaciones en otras propiedades cartográficas. No conserva simultáneamente todas las formas, distancias y direcciones con exactitud.
Como explica el profesor de cartografía James Cheshire, existe una limitación inevitable: se puede preservar el área, la forma o determinadas propiedades de distancia y dirección, pero no todas perfectamente al mismo tiempo.
Si fuera posible hacerlo, ya no necesitaríamos proyectar el planeta: simplemente utilizaríamos un globo.
Peters: tamaños más justos, formas más extrañas
Décadas antes de Equal Earth, otro mapamundi intentó corregir precisamente el problema de las superficies.
Se trata de la conocida proyección Gall-Peters, popularizada en la década de 1970 por el historiador alemán Arno Peters y basada en una proyección descrita por el cartógrafo escocés James Gall en el siglo XIX.
Su apuesta es clara: priorizar el área real de los territorios. Con Peters, África y Groenlandia recuperan una relación de tamaños mucho más cercana a la realidad.
Pero el precio visual es evidente.
Los continentes aparecen considerablemente deformados: algunas regiones próximas al ecuador se ven alargadas, mientras otras situadas hacia los polos aparecen comprimidas.
Es decir, Peters mejora la comparación de superficies, pero altera fuertemente las formas.
Tampoco ofrece las propiedades que hicieron de Mercator una herramienta especialmente útil para determinados tipos de navegación.
¿Y el mapa del logotipo de la ONU?
Existe todavía otra manera de observar el planeta y probablemente millones de personas la han visto sin detenerse a analizarla.
Está en el propio emblema de las Naciones Unidas. En lugar de presentar al planeta como un rectángulo, utiliza una proyección azimutal equidistante centrada aproximadamente en el Polo Norte.
Los continentes se despliegan alrededor de ese punto dentro de un mapa circular.
Esta representación tiene una importante carga simbólica: evita colocar convencionalmente a un país o continente concreto en el centro del tradicional mapamundi rectangular.
Pero tampoco escapa de las deformaciones.
Cuanto más se alejan los territorios del punto central, mayores pueden ser las distorsiones. Las regiones próximas al extremo austral del planeta aparecen especialmente estiradas y comprimidas.
Una vez más, el mapa resuelve un problema mientras crea otro.
Tres mapas, tres maneras diferentes de mirar la Tierra
La comparación permite entender por qué ningún mapamundi plano puede proclamarse como una reproducción absolutamente fiel del planeta.
Mercator conserva propiedades extremadamente útiles para la navegación, pero exagera drásticamente las superficies hacia los polos.
Gall-Peters conserva las áreas relativas, pero deforma considerablemente las formas.
Equal Earth también respeta las superficies relativas y busca una apariencia general más equilibrada, aunque igualmente debe sacrificar otras propiedades geométricas.
Incluso la proyección azimutal utilizada en el símbolo de Naciones Unidas posee importantes distorsiones.
No existe, por tanto, un ganador absoluto.
Existe un mapa más apropiado dependiendo de qué queremos representar.
Cuando un mapa también construye nuestra visión del mundo
La discusión impulsada desde África introduce además una dimensión que supera la cartografía.
¿Qué ocurre cuando generaciones enteras crecen observando unas regiones gigantescas y otras considerablemente reducidas?
Algunos cartógrafos incluso han experimentado con mapamundis invertidos, colocando el sur arriba y el norte abajo, para demostrar que la orientación que consideramos “normal” también responde a convenciones.
Otros modifican qué continente ocupa el centro.
El resultado puede resultar desconcertante porque rompe una imagen del planeta que hemos interiorizado desde niños.
Precisamente allí reside una de las lecciones más interesantes de la controversia.
Los mapas no son fotografías de la Tierra. Son modelos.
Cada uno selecciona qué característica conservar y cuál deformar para trasladar una superficie curva a otra plana.
Por eso, la iniciativa para corregir la representación de África no significa que la humanidad haya encontrado finalmente un mapamundi sin errores.
Equal Earth resuelve uno de los problemas más visibles de Mercator —la enorme distorsión de las superficies—, pero tampoco puede vencer las leyes de la geometría.
La única representación capaz de conservar simultáneamente la naturaleza tridimensional del planeta continúa siendo la más sencilla de todas: un globo terráqueo.
Y quizá ese sea el aspecto más revelador del debate: durante siglos hemos utilizado mapas para comprender dónde estamos en el mundo, pero la forma en que dibujamos ese mundo también puede determinar cómo lo imaginamos.
